Pedro Apóstol (Español)



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Fiesta: 22 de febrero (La Cátedra de San Pedro).
Fiesta: 29 de junio (San Pedro y San Pablo).
Fiesta: 18 de noviembre (Dedicación de la Basílica de San Pedro y la de San Pablo).
Canonizado: Por aclamación popular

En el mundo se dice muchas veces que hay dirigentes y seguidores. Cuando Jesús conoció a Simón se dio cuenta de sus cualidades de liderazgo y, sin embargo, sabía que Simón necesitaría ayuda. Por lo tanto, empezó a prepararlo dándole un nuevo nombre, el de «Pedro», que significa «Piedra»: le dijo que sería la piedra sobre la cual construiría su Iglesia.

Pedro fue el primer apóstol que reconoció que Jesús era el Mesías, el Redentor: renunció a su vida de pescador para acercar a los demás a Jesús, y se convirtió en pescador de hombres (Mateo 4,19). Estuvo presente durante la Transfiguración, cuando Dios reveló a Jesús como su Hijo, vio a Jesús resucitar a una niña (Lucas 8, 40-56), y también presenció su agonía en el Huerto de Getsemaní.

Después de la Resurrección, Jesús se apareció a los discípulos y le preguntó a Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Al asentir, el Señor le ordenó: «Apacienta mis corderos… Apacienta mis ovejas” (Juan 21, 15-16), y con ello Jesús le encomendó el cuidado de la Iglesia y de todos los creyentes.

A pesar de sus muchas virtudes, Pedro también tenía defectos: se quejaba de que él, al igual que los otros apóstoles, había abandonado todo para seguir a Jesús, y quería saber qué recibiría a cambio (Mateo 16, 27). Asimismo, Pedro caminó sobre las aguas cuando el Señor se lo ordenó, pero se hundió al dudar del poder de Jesús (Mateo 14, 31).

Durante la última cena, Jesús le dijo a Pedro que él lo negaría tres veces antes del amanecer, a lo que éste contestó enfurecido que nunca sucedería tal cosa. Más tarde, esa misma noche, negó en efecto tres veces conocer a Jesús o ser uno de sus discípulos, y cuando se dio cuenta de que la predicción del Señor se había hecho realidad, una profunda tristeza lo embargó y lloró.

El día de Pentecostés, Pedro recibió todos los dones que necesitaba para dirigir a la Iglesia, que se encontraba en sus comienzos. Esa misma mañana, pronunció un sermón tan elocuente acerca de Jesús, que tres mil personas pidieron ser bautizadas de inmediato, y fue también el primer apóstol que obró un milagro en nombre de Jesús. Pedro, como resultado del trabajo que hizo en colaboración con Pablo, se dio cuenta de que la Iglesia debería estar abierta para todos. Fue el primer obispo de Roma, título que se le otorga a cada Papa, y designó a Roma como la sede de la Iglesia universal.

San Pablo, nuestro misionero más importante, y San Pedro fueron piezas clave en el desarrollo de la Iglesia y, por lo tanto, se celebra la festividad de ambos mártires en la fiesta patronal del 29 de junio.

Asimismo, cada 18 de noviembre, la Iglesia conmemora a estos dos hermanos en espíritu de otra manera: la Dedicación de la Basílica de San Pedro y la de San Pablo en Roma. Una basílica es una iglesia monumental que honra la memoria de una persona o un suceso importante, y la tradición establece que la basílica de San Pedro y la de San Pablo se construyeron en los lugares donde fueron martirizados por orden del emperador romano Nerón alrededor del año 64 d.C.

En la Basílica de San Pedro se encuentra una cátedra que ha sido preservada cuidadosamente durante más de 2000 años y de la que se cree perteneció a San Pedro: a ella responde la tradición de que cada Papa y obispo posterior a San Pedro, tenga en su catedral una silla especial desde la cual predica y preside las celebraciones. Cada 22 de febrero, la Iglesia honra esta tradición al celebrar la festividad de la Cátedra de San Pedro como símbolo de unidad entre católicos ya que, juntos, nos reunimos alrededor del Papa como pastor de toda la Iglesia.

Pedro fue capaz de hacer todo lo que Jesús le pidió por el inmenso amor que le tuvo. El Señor, a su vez, espera lo mismo de cada uno de nosotros. Al igual que Pedro, podemos hacer uso de nuestras virtudes para llevar el mensaje de amor y paz a los demás; y podemos pedirle a Jesús que nos ayude a vencer nuestras debilidades para realizar esa labor cada día. Jesús puede obrar a través de nosotros y lo hará, así como lo hizo con Simón Pedro, la Piedra de la Iglesia.

Conexión con Sean mis discípulos®
Grado 1, Capítulo 8
Grado 3, Capítulo 12
Grado 4, Capítulo 17
Grade 5, Capítulo 8

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