Mártires de Paraguay (Español)

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Fiesta: 17 de noviembre


Tres misioneros fueron a Paraguay en la América del Sur para compartir la Buena Nueva de Jesús con los indígenas nativos. Estos sacerdotes jesuitas predicaban acerca de Jesús y del plan salvífico de Dios para toda el mundo. Muchos indígenas paraguayos escucharon y creyeron su mensaje. Pidieron ser bautizado y comenzaron a vivir una nueva vida como cristianos.

Roque González de Santa Cruz amaba a Dios desde niño. A la gente no le sorprendió cuando decidió hacerse sacerdote. El Padre González de Santa Cruz fue ordenado sacerdote cuando tenía 23 años. Debido a que nació en Paraguay, los indígenas de su tierra siempre le habían interesado. Quería trabajar entre ellos. Él decidió unirse a la Compañía de Jesús para poder hacer labor de misionero con los indígenas de su país.

¡El Padre González de Santa Cruz amaba su nuevo trabajo! Viajaba a pequeños pueblos para enseñar a los indígenas acerca de Jesús. Él ayudó a construir reducciones, centros comunitarios para los nativos donde pudieran vivir juntos, crecer en la fe, aprender habilidades, recibir educación, y ser protegidos de los cazadores de esclavos.

Dos jóvenes sacerdotes de España, el Padre Alfonso Rodríguez Olmedo y el Padre Juan del Castillo se enteraron de la obra del Padre González de Santa Cruz. Ellos viajaron a la América del Sur para ayudarle a establecer más reducciones. Un día, el Padre González de Santa Cruz y el Padre Rodríguez Olmedo fueron a Brasil para comenzar a trabajar en una nueva reducción. Dejaron al Padre del Castillo a cargo de la población en la que vivían.

El curandero local, estaba molesto con la labor de los sacerdotes jesuitas. Habían cambiado los corazones de tanta gente que había perdido a muchos de sus seguidores. Organizó a un grupo de sus creyentes y conspiró para matar a los jesuitas.

El Padre Rodríguez Olmedo estaba colgando una pequeña campana de la iglesia en la nueva reducción cuando los seguidores del curandero atacaron y lo mataron. El Padre González de Santa Cruz estaba en la capilla cuando escuchó el ruido. También fue asesinado cuando fue a buscar a su amigo. Los atacantes quemaron la capilla. Dos días después regresaron a Paraguay y mataron al Padre del Castillo.

La Iglesia honra a estos tres jesuitas como santos. Ellos siguieron el mandato de Jesús a sus Apóstoles: "Hagan que todas las naciones sean mis discípulos " (Mateo 28:19). Podemos unirnos a su labor al orar por todos los misioneros que llevan a Cristo a la gente de todo el mundo.

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